jeudi 24 février 2011

LAS BASES ESENCIALES DE TODA POLÍTICA DE SALUD


Emilio La Rosa Rodríguez

Vice-Presidente del Comité
Internacional de Bioética
de la UNESCO


En las ultimas décadas, la situación de salud del país ha ido mejorando progresivamente, pero existen aun problemas sanitarios mayores,  y seguimos padeciendo de un presupuesto de salud inconsecuente y de una cierta incoherencia del sistema.  Es cierto que la mortalidad infantil ha disminuido sustancialmente pero sigue siendo  elevada en regiones como Cuzco, Apurimac y Huancavelica y el gasto público en salud sigue siendo uno de los más bajos de América Latina (Perú 1.6% del PIB, Brasil y Bolivia 4.9% del PIB). Además, en la practica, el MINSA no es el ente rector que dirige, coordine, regule y evalúe las políticas de salud.
Para mejorar la situación de salud del país es necesario desarrollar políticas que tengan como pilares esenciales:  la salud integral para todos, la calidad y la eficacia del sistema.
La salud para todos significa que los peruanos sin distinción de raza, etnia, grupo social y genero tengan acceso a los servicios y programas sanitarios. La salud integral supone que las acciones no solo deben ser curativas, sino también de promoción, prevención y educación en salud, así como multi-sectoriales (educación, cultura, trabajo, vivienda, medio-ambiente). Esta afirmación se basa en el hecho de que la salud desborda el marco estricto de lo medico-sanitario, para situarse como un proyecto social, un proyecto de vida en evolución constante que toma en cuenta no solamente los aspectos vinculados al sistema de salud, sino también las condiciones de existencia (económicas, sociales, culturales, educativas) y el medio-ambiente. Hoy en día, el individuo es menos dependiente de su “estado biológico” y muchos más subordinado a su “estado social” es decir, de su nivel de integración en la sociedad, de su posición social, de las condiciones de vida y las respuestas propuestas por la sociedad a las situaciones y necesidades encontradas. Estas interrelaciones entre el hombre y su entorno (social, cultural, físico) determinan el estado de salud individual y colectivo. Por esa razón, las políticas de salud deben posicionarse como un “proyecto social” que integre las acciones medico-sanitarias con las económicas, laborales, educativas, habitacionales y medio-ambientales. Para llevar a la practica este “proyecto social” es necesario crear un Ministerio de Asuntos Sociales que dirija y ejecute las políticas de salud, de trabajo y de vivienda, y coordine sus programas con los ministerios de economía, de educación y del medio-ambiente por intermedio de una Comisión Multisectorial presidida por el PCM.
El segundo pilar esencial es la calidad, a la cual no se le ha prestado  la debida importancia. Peor aun, la calidad de la atención en salud se ha ido deteriorando en las últimas décadas. Esta situación es debida principalmente al modesto financiamiento del sector, a las deficiencias en la gestión  y a la ausencia de normas en materia de evaluación y control de calidad de los diversos componentes del sistema de salud. Una primera medida para mejorar la calidad es la creación de una Agencia Nacional de evaluación en Salud que proponga las normas adecuadas, controle, evalué y ponga en marcha un sistema de referencias y buenas prácticas con la participación de los profesionales de salud. 
El tercer pilar es la eficiencia, que puede ser analizada desde dos puntos de vista : costo-beneficio y calidad-equidad. Esta última permite una visión humana de los servicios de salud y no una visión mercantilista como es el caso del costo-beneficio. Sin embargo, es importante recalcar que la eficiencia depende también de los presupuestos, porque seria inadmisible exigir eficiencia si los presupuestos públicos son modestos y no cubren las necesidades del sector. Finalmente, la salud integral para todos con equidad, calidad y eficiencia supone también:  generalizar progresivamente el seguro social con financiamiento de empleados, empleadores y el Estado; mejorar la infraestructura sanitaria (creación y renovación de hospitales y centros de salud, equipos médicos, distribución justa y equitativa de los recursos por intermedio de la elaboración de un mapa de recursos materiales y humano), mejorar la gestión del sistema por intermedio de una política de recursos humanos que destierre los “nombramientos políticos” de altos y medianos cuadros técnicos e instaure un concurso nacional de cuadros, sueldos adecuados, estabilidad laboral y línea de carrera; crear un Sistema Nacional de Información, que nos conduzca a la elaboración de un dossier médico único; incrementar sustancialmente el presupuesto de salud y crear las condiciones adecuadas para la participación (democracia sanitaria) de todos los ciudadano. La salud sigue siendo un monopolio de los profesionales del ramo y la competencia del Estado. Sin embargo, desde hace algunos años, los peruanos se organizan para intervenir dentro del sistema de salud. La democratización de dicho sistema no solo debe permitir la participación del ciudadano y sus organizaciones representativas en todas las instancias de gestión sino también en las discusiones sobre las políticas del sector. 

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