Dr. Emilio La Rosa Rodríguez
Vicepresidente del Comité
Internacional de Bioética,
UNESCO
El uso racional de medicamentos supone que los pacientes deben recibir el fármaco apropiado para sus necesidades clínicas, a dosis que se ajustan a sus requerimientos individuales, durante un período de tiempo adecuado y al menor costo. Es evidente que dicho uso racional depende principalmente del nivel de formación e información justa y equilibrada, de los conocimientos, de las actitudes y las prácticas médicas que varían entre los países, los profesionales de salud y los pacientes. Por el contrario, la prescripción irracional es la consecuencia de una serie de factores, dentro de los cuales se encuentran: el medicamento como única respuesta terapéutica, la formación deficiente e incompleta, la duración de la consulta, la información y la publicidad farmacéutica.
El monopolio del medicamento como única respuesta se observa en la práctica médica ambulatoria. Un porcentaje elevado de pacientes que acuden al consultorio médico presentan problemas psicosomáticos, que muy a menudo no necesitan ningún tratamiento medicamentoso, otros consultan por problemas virales autolimitados en el tiempo, y algunos por un síntoma banal que puede ser combatido con otros métodos terapéuticos eficaces (acupuntura, fisioterapia, fitoterapia). Prescribir a diestra y siniestra ansiolíticos, calmantes, antidepresivos por síntomas anodinos, dar antibióticos como medida preventiva para evitar una infección bacteriana en el caso de un problema viral, llenar la receta con multi-vitamínicos en niños, jóvenes y adultos que se alimentan correctamente,... son prácticas frecuentes muy ancladas en la medicina actual en muchos países. El medicamento se ha convertido en un factor que da “consistencia” a la consulta médica, que la valoriza y que funciona como una especie de amuleto que procura seguridad al paciente y al médico.
Otro aspecto importante del uso racional radica en la formación del médico en materia terapéutica. Esta formación es deficiente porque en la mayoría de escuelas de medicina el número de horas dedicado a esta materia es largamente insuficiente. Asimismo, la formación es incompleta porque los estudios de medicina no integran aun las materias relacionados con las terapias tradicionales y alternativas. Otro factor que dificulta el uso racional de medicamentos es el tiempo de la consulta médica que es a menudo breve (la duración promedio de la consulta en medicina general es de 10,7 minutos, estudio realizado en seis países europeos: Bélgica, Alemania, Holanda, España, Suiza y Gran Bretaña). En un tiempo tan corto es materialmente imposible establecer una buena relación médico-paciente, la cual es remplazada frecuentemente por una “receta-fetiche”. Además, la duración de la consulta no permite dar una información clara y sencilla sobre la enfermedad, los medicamentos y sus efectos nocivos, dentro del estricto respeto del principio de autonomía. Esta información permitiría al paciente comprender mejor su enfermedad y su tratamiento, y obtener una buena observancia (participación consciente y responsable del paciente a su propio tratamiento).
Finalmente, el uso racional de medicamentos se ve dificultado por la falta de acceso a una información de calidad y por un casi monopolio a nivel de la fuente. Muchas veces, la información proporcionada por la industria farmacéutica representa la única fuente disponible, debido a su mayor difusión y acceso más fácil. Además, este tipo de información es raramente objetiva, como lo demuestra el estudio realizado por el Observatorio de la Visita Médica en Francia que señala que el visitador médico exagera en cuanto a las indicaciones y las posologías, y oculta información sobre los efectos secundarios de los medicamentos. El hecho de que el médico no reciba una información independiente y que en ciertos países, los laboratorios farmacéuticos financien la formación permanente de dicho profesional crea un problema ético porque la decisión terapéutica esta sesgada a causa de una información parcializada y un conflicto de interés.
A esta situación hay que agregar la publicidad farmacéutica y la presión que soportan los profesionales de la salud. Dicha presión es a menudo imperceptible y la publicidad tan atractiva, que la tentación a sucumbir a los cantos sirena es grande. Y muchos caen en la “trampa” prescribiendo un nuevo fármaco, a pesar que hay otros de igual eficacia y a menor precio, sin confirmar previamente la información recibida de los laboratorios sobre los avances y beneficios terapéuticos de estos nuevos fármacos en relación a los ya existentes. No deberíamos ser, ni el primero en aceptar el nuevo medicamento ni el último en rechazarlo.
Agradecería nos proporcione el acceso al contenido del Observatorio de la Visita Médica, pues parece ser de sumo interés sus investigaciones. Lástima no contar con algo similar en América Latina.
RépondreSupprimerPor otro lado, sería estupendo si puede brindarnos datos de contacto (correo electrónico) para invitarlo a una ponencia sobre el tema cuando esté de visita por Lima. Gracias!
Respuesta a Flogisto
RépondreSupprimerEl observatorio de la visita medica ya no existe, pero fue creado por la revista Prescrire: http://www.prescrire.org/fr/.
Mi direccion es elarosa@free.fr